Interiores

©Xabier Novella, 2017

 

 

Los recuerdos de mi infancia en el pueblo; las paredes blanqueadas con cal, el azul de las ventanas, las cantareras con sus botijos, cántaros, platos… en la vieja casa el tiempo parece haberse congelado, no por que los inviernos sean fríos, que sí lo son, si no por la ausencia de vida. Todo huele a pasado, el ramillete de espliego, las piedra erosionadas y los fósiles..

La sencillez y austeridad de los pueblos reflejo de sus habitantes y de su época. Casas sin agua corriente, sin gas, sin TV… eso que hoy llamamos comodidades…

 

 

 

busco tu mirada por los rincones de las estancias vacías

el tiempo ha borrado los sollozos, gemidos y  risas

el aire estancado respira al abrir de nuevo los portales

 

 

desgastadas palabras erosionadas por la ausencia de vida

impregnan la orografía de mis pesadillas

cuelgan de las telarañas como un jeroglífico indescifrable

 

los recuerdos sobreviven en los interiores de las casas

cubriéndo de nostalgia las paredes blancas

los instantes son una eternidad de sentimientos inabarcables

 

los campos tiritan cubiertos de escarcha

esperando las cosechas que no llegarán mañana

mientras a lo lejos se escucha un lamento entre los frutales

 

 

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Ruinas

 

© Xabier Novella, 2017

 

quedaron huérfanas las ventanas y las puertas

estas paredes acostumbradas a la muerte de sus habitantes

                                                                  no vieron venir su propio entierro                                                                                                                                                                                                                                                                  

una voz profunda recorre las ruinas donde solo queda el olvido

una voz que ruge como un huracán pétreo

que exhuma toda la tristeza condensada en la tierra

 

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© Xabier Novella, 2017

 

bailando con la muerte

la piedra se aferra a la madera

la madera suspira

¿quién caerá primero?

 

© Xabier Novella, 2017

 

Sin cosechas las viejas eras se visten de matorrales para cubrir su tristeza. Los pajares ya no soportan el peso del olvido, aventan los recuerdos como se conjura la tragedia para sobrevivir…

 

y mis ojos recorrieron los caminos del viento

entre flores de almendros

con la mirada de un niño que añora su infancia

 

 

 

El embrujo de su danza, el águila

 

 

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Pixabay.com

Paseando por las sendas abandonadas de mi sierra materna, sobrevuelan mis pensamientos, unas águilas aventureras, algún buitre hambriento. No dispongo de cámara para atrapar su vuelo, ingenuo de mí, no se puede atrapar lo que es libre…

 

puedo volar con los ojos

perseguir con la mirada

las águilas que danzan sobre mi cabeza

¿dejan huellas sus alas?

alzarme sobre las más altas nubes

para volar con los ojos

para respirar con las manos

¿proyectan sombras su silueta?

donde no dejan huella ni sombra quiero reposar mi alma

 

volar sin ojos

redondear el aire con las plumas húmedas

ser lluvia sin agua para escribirte versos aéreos

¿dejan eco sus cantos?

volar sin alas

atrapado en la tinta de tus palabras

en los colores de tus imágenes

¿son embrujo sus danzas?

donde los caminos del aire no tienen peaje anidarán mis sueños

No te apartes del camino

 

© Xabier Novella, 2017

“Cuando vayas a los campos,
no te apartes del camino,
que puedes pisar el sueño
de los abuelos dormidos.
Nunca muertos, ¡sí dormidos!”

Atahualpa Yupanqui

 

 

Las arrugas de los antepasados se esconden en los surcos del paisaje. Cada piedra de los ribazos es una gota de sudor y sacrificio. La aridez del abandono socava estas tierras antaño fértiles. Solo los almendros y los nogales desafían al tiempo. Un tiempo que acabó trazando un círculo sobre si mismo. Un círculo de vidas humildes y anónimas, sin héroes. Hoy vago por los campos yermos donde solo habita la tristeza. En mi mente resuenan los versos de Atahualpa, y quiero abandonar el camino para desenterrar el olvido. Abandonar las huellas ya invisibles para fundir mis pasos en el sueño de los abuelos dormidos.

 

Apología del silencio

 

 

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© Xabier Novella, 2017

 

el silencio es una huida del caos que impregna la rutina de ser esclavo

y aunque no existe se intuye en el viento entre los árboles y el cielo

como una imagen en blanco y negro insinúa sus colores en la retina

y aunque no existe impulsa mis pensamientos al abismo atómico de la nada

el silencio es un oxímoron cautivo desligado de las tareas sonoras

como los grillos que no necesitan la acústica de la lengua para crear sonidos

a los colores le falta la música a mi voz el reposo de saberse impresa

como se desgranan los colores del paisaje cada uno en una tonalidad diferente

como las notas musicales en octavas cromáticas estos versos nacen de mis silencios

de la simbiosis de mis pasos y los pinos de mis recuerdos y el romero

de la añoranza y las sabinas de mis sueños y el tomillo de la arena y las piedras

de los caminos abandonados como mis pensamientos se abandonan en este poema

el silencio me libera del caos que impregna la rutina de ser esclavo de la mente

 

Caminando por Sant Aniol d’Aguja

 

 

Después de transitarlo muchas veces el camino se asoma nuevo, el río obedece a Heráclito sin ser filósofo. Se camufla con el verde esmeralda, el azul turquesa, a veces transparente y a veces oscuro, y a veces ausente. A veces manso, a veces saltarín y juguetón. Los caminos serpentean esta ruta de Maquis legendários y anónimos. Francia aguarda a cuatro pasos la libertad esperada.

Mis huellas guardan silencio por la libertad perdida. Pero el río sobrevive, ajeno a las tragedias humanas, más humano que las personas.

Todo el bosque evoca un tiempo estancado. Un aire que espera fecundar nuevas voces. La libertad no se pide, se toma.

 

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Sant Aniol d’Aguja, La Garrotxa, Girona