Beberse la sed



Mis labios se agrietan como un grito en el vacío,
para beberse la sed en sobredosis de realidad y café,
para no dormir en el humo de tu ausencia ni en la nicotina;
para fenecer sobrio en los incontables días del destierro.
Imprimo los fonemas guturales en mi bitácora,
como el navegante traza las olas sobre los peajes del amor,
con la inmensa soledad del océano después de una tormenta.
Desempolvo los volúmenes de la historia de esta adipsia;
en la biblioteca de los huesos parlantes aprendí el oficio
de ser detective del pasado, un necrólogo de los secretos íntimos.
Solo quiero tu olvido para ahogarme en ese calmo recuerdo
que fue nuestro idilio, ser quietud en las ondas que atraviesan
estos vagos pensamientos. Ya ves; no se puede vivir de promesas,
tampoco de recuerdos. No vive eternamente el polluelo en el nido
también ha de volar y perderse en el cielo de la muchedumbre.
Volveré a ocupar las estancias vacías entre mis sístoles y mis diástoles,
a contracorriente, como siempre he vivido, regurgitando ilusiones…
sin poder cerrar las puertas y las ventanas de mi corazón.
No digas que fue un sueño.




Del libro: "Crónicas de insomnios y adipsias"

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