Viacrucis




Hay una boca en mí que se desboca.
Que excreta voces mientras sueña,
que barre las calles desnudas con su piel escamosa,
como se arrastran las lagartijas
entre las cañas y el barro.

Hay una boca en mí que se desentiende del trueno.
Que solo quiere ser rayo 
para somatizar silencios,
como un gorrión mudo, como una libélula sorda,
entre el hormigón armado de mis letras.

Hay una boca en mí que se desmaya;
cuando mira tu sombra retorcerse en la distancia,
en un baile de disfraces para el viacrucis,
como el esqueleto de un nazareno desnudo
entre la multitud, en una procesión de grilletes y rejas.





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