Incógnitas

 
 
 

  
El silencio se descuelga por los pliegues de las sombras. Mientras me bebo la memoria de la carcoma reflexiono: qué cosas perdurarán después de esta tormenta, por qué los pinos sucumben a la fuerza diluviana de esta historia apócrifa mientras el trébol aguanta firme adherido a la piel de la tierra, como los pensamientos de los muertos entre el polvo de la madera. No hay suficiente lluvia en el universo para limpiar la tristeza de las ausencias. Cuando los atardeceres deslumbran la retina de mis recuerdos. Ayer es solo una palabra, un concepto sin destino entre los cristales de tiempo que desafían la física de la vida. La hiperdimensionalidad del sentimiento, la ubicuidad de un destino no trazado. Las circunvoluciones de la autopista del cerebro cuántico en la desembocadura de este río desbordado que son los temores. Qué perdurará a la muerte si no el silencio, las sombras y los gusanos. Un haz de elementos atómicos indescifrables, más allá del abismo de las partículas elementales diluidos en la nada, inseparables del conocimiento, como el árbol de la vida zurcido en las cadenas del ADN; donde las sombras se repliegan, intangibles y mudas, como una pareidolia del silencio. Llueve… 




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