En busca de la voz

Incontables noches sumergidas en el silencio, al amparo del fuego; en los albores de la civilización,  en la oquedad de la roca perforada por los eones, sin más horizonte que el cielo estrellado, vislumbraron la génesis desconocida de la voz. Qué energía impulsó nuestra garganta al caos primero de la incipiente palabra. ¿Cómo era el pensamiento antes del lenguaje? Qué conexiones vincularon los sentimientos a las letras, qué impulsó la grafía a las formas primitivas, que morfogénesis inmanente e intangible a las cosas desarrolla esa matemática oculta en la geometría de las letras, la semántica primigenia cuando no se conocía la etimología,  sin referencias intelectuales, sin estudiosos de fonética, sin legisladores de la gramática, de dónde surgió ese orden que perfecciona la belleza natural de los árboles y las plantas: acacias, secuoyas, nenúfares, roble, albahaca… eran ya albahaca, roble, nenúfares, secuoyas, acacias, antes de nombrarlos; en ese inevitable tránsito de lo desconocido a lo reconocible. ¿De dónde nace la curiosidad y el anhelo de poner nombre a todas las cosas? Más importante que el descubrimiento del fuego fue el nacimiento del lenguaje. En un mundo desconocido y hostil; cómo enfrentarse al miedo, sin etiquetas, crudamente, sin más entendimiento que la minúscula experiencia de homínido. Del misterio de lo ignoto e impronunciable nació la escritura de los símbolos, un mundo totémico, en las puertas de un nuevo paradigma; en la urdimbre de la fonética del dolor se desgarró la vocal primera.
Abandonamos las cavernas y el fuego, la caza y el misterio de la noche, para  avanzar hacia un mundo nuevo, en busca de seguridad y confort; para perder la libertad.


5 comentarios sobre “En busca de la voz

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  1. Qué bonito es dejarse llevar por esas incógnitas (y pensarlas, e imaginarlas en profundidad y tratar de encontrarles una respuesta, aunque sea parcial o improbable). Y qué maravilloso misterio el lenguaje ¿Te imaginas la mirada azorada no del primero que creó una palabra; sino del segundo, cuando aquel señaló (supongamos) un árbol y le dio nombre y el segundo lo entendió… ése punto me parece crucial y delicioso: el primer diálogo. ¡Esos son nuestros verdaderos ancestros! Nosotros no hacemos más que imitarlos. A lo largo de todas estas palabras no hago más que señalar algo y decirte “árbol”, con la esperanza de que me comprendas.

    Un cálido abrazo (árbol).

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    1. El primer diálogo debió ser como una revelación, qué maravilla, como bien dices, debió ser sentirse comprendido por sus congéneres. Intuyo que el autoconocimiento debió estar íntimamente ligado al desarrollo del lenguaje.
      Dejo para una segunda parte el tema del lenguaje musical…

      Un cálido abrazo

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      1. Sí, lo pienso y me despierta una sonrisa (como en mis primeros tiempos comencé a escribir guiones de cómics, tengo una imaginación muy viva y visual; hablar de estas cosas hace que, inevitablemente, “las vea”, lo cual para mí es un placer añadido ¡La imaginación al poder! (Aquí ando, robando slógans…).

        Un cálido abrazo.

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