El hombre del sombrero gris

Este es un pequeño relato que escribí en mi primer taller de escritura creativa. Ideal para leer escuchando a Leonard Cohen. Como declarado ecléctico visceral (y Heracliteano) que soy, no he retocado nada. Así con sus imperfecciones se habrá de volver ceniza y silencio…

***

             El hombre del sombrero gris camina solitario. En su memoria los recuerdos galopan sin tregua. Los años perdidos parecen siglos de silencio. Sus pies cansados se hunden en la tierra, recordándole como años atrás aquello que creía importante se fue desvaneciendo. Una sensación de insignificancia y vulnerabilidad yace en cada huella, como si el tiempo jugara en su contra, como si el destino dibujara horizontes que jamás alcanzará.

 

Y el camino, mudo como su tristeza, le acerca irremediablemente a nuevos días, quién sabe dónde. Nadie sabe su nombre, su sombra se confunde con la arena y el fango. Sin embargo, él sabe que no puede huir de si mismo. Que tarde o temprano encontrará otra calle, otra ciudad. Personas que le recuerden que es un vagabundo.

Qué siempre habrá alguien señalando con un dedo. Qué las heridas del amor tardan en cicatrizar. Qué Cupido parece dormir y su corazón se desangra. Lo sabe muy bien, pero la tristeza abre caminos donde la luz no llega, donde no hay huellas, donde el tiempo se pierde, ¿cómo llegar dónde no se sabe? Cómo encontrará lo que no busca…lo que perdió mil calles atrás…

 

El hombre del sombrero gris, bajo la lluvia de octubre, arrastra su tiempo y su hora. Ignora que detrás del horizonte nuevas calles esperan. Calles vacías, o quizás repletas de gente. Coches y autobuses, tiendas y semáforos. Quizás algún trabajo. Volver a empezar contracorriente.

Muchas voces resuenan en su cabeza. Conversaciones y sueños que se desvanecieron aquella tarde que ella cogió su bolso amarillo y su pañuelo azul y se marchó sin dejar rastro, mil calles atrás…

 

La noche se anuncia lentamente y el hombre del sombrero gris se detiene. De un bolsillo de su desgastado pantalón recupera un viejo reloj. Queda menos de una hora para que la oscuridad reine. Las luces tenues de unas farolas anuncian que se acerca a una ciudad. Respira profundamente, las mismas viejas calles esperan su regreso. Los árboles susurran su nombre con sus fonemas ininteligibles, con su voz de corazones rotos.

Y él camina decidido. El viejo roble sigue en la esquina. Cuatro calles más abajo el río serpentea y arrastra sueños. Y a menos de un minuto, el pórtico de madera tallada sonríe al ver su sombra acercándose lentamente. Y las ventanas cerradas respiran de nuevo.

El hombre del sombrero gris se acerca a las escaleras, a lo lejos unos niños gritan:

  • ¡Un vagabundo!

 

De su bolsillo desgastado saca una llave plateada, la acerca a la cerradura, la gira… Vuelve a tomar aire profundamente, abandona su equipaje en el suelo. El silencio anuncia su llegada, el mismo silencio de la última noche, mil calles atrás…

Vuelve sus pasos a su vieja recámara. Allí siguen las mismas fotografías, los recuerdos y la realidad, en una simbiosis sin voces. Enciende una luz, ya es de noche en la ciudad del viejo roble. Se acerca al espejo colgado en aquella pared de terciopelo, y mira… y veo, mi rostro arrugado debajo de un sombrero gris, enciendo un cigarrillo, a lo lejos suena “Famous blue raincoat”, aquella vieja canción de Leonard Cohen que tantas veces oímos, en la intimidad de nuestros corazones. Y lloro, abducido en el silencio, impregnado de soledad, al ver tu bolso amarillo y tu pañuelo azul, esperándome…

 

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12 comentarios en “El hombre del sombrero gris

  1. Maravilloso! Desde el principio, la imagen del hombre con el sombrero gris, anticipa su análisis psicológico. Le marca. Como el verde o los metales en la obra de Lorca.
    El gris, las huellas, el tiempo le persiguen….hasta que el azul y el amarillo cambian su rumbo inesperadamente.
    Bravo!

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    • Sí, cada persona tiene sus símbolos. A veces, estos son arquetipos y otras veces son muy íntimos. En todo caso resulta interesante observar esas sincronías de símbolos. El final está cargado de sorpresas. jajaja. El juego de cambiar de narrador ahí, cuando lo leí en el taller sorprendió a muchos.

      Un abrazo

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  2. Lehonard Cohen es uno de mis artistas clave. Su físico, su voz profunda, sus letras. Me alegro de compartir este gusto musical.En cuanto a tu relato, no me esperaba el final, menos mal…..todo pintaba bastante gris.

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  3. Un cuento borgiano. Muy bueno, me ha encantado.

    (Yo tampoco suelo retocar o tocar a secas nada que haya escrito, salvo error garrafal detectado en retrospectiva. Lo hecho hecho está.)

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  4. Creo que todos llevamos un sombrero gris, de alguna manera. O dicho de otra forma: el cuento es una excelente metáfora de la vida humana. Me gustó el giro final, con el cambio de tercera persona a primera. Eso lo sitúa y, al mismo tiempo, lo amplifica, lo hace general. Si éste es el primer intento presumo que tendremos muy buenas lecturas de aquí en adelante.

    Un abrazo.

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  5. Sí, de alguna manera, todos llevamos un sombrero gris…
    Éste fue uno de mis primeros textos. Pero la verdad es que no he vuelto a escribir más prosa desde entonces. Y tengo varios cuentos en el tintero. Y también un par de novelas. Necesito retomar las clases para poder escribir con más técnica y recursos. Y mejor. Mientras, como decía una profesora de literatura en el instituto, a leer, y a leer… y en eso estoy.

    Un abrazo

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